La experta en Historia de la Moda Mónica Rey Cabezudo analizó un cuadro de la RSEAPS que presenta a una Regente “austera y seria, en período de alivio del luto por la muerte de su marido, pero siguiendo también las últimas modas llegadas de París”

La investigadora y experta en Historia de la Moda de la USC Mónica Rey Cabezudo trazó hoy en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la Ciudad de Santiago un perfil de la Regente María Cristina de Habsburgo-Lorena y su importancia en la Restauración española, a partir de la indumentaria que presenta en un cuadro que forma parte del patrimonio pictórico de la RSEAPS, en el que aparece junto a uno de sus tres hijos, un infantil Alfonso XIII.
La ponente recordó que ese óleo, obra del pintor valenciano José María Fenollera, data de 1889, cuatro años después del fallecimiento por tuberculosis de su marido Alfonso XII, de quien estaba embarazada en el momento de su muerte y con quien, “a pesar de las diferencias de carácter entre ambos, y de los numerosos y conocidos líos de faldas del monarca, tuvo tres hijos, María de las Mercedes, María Teresa y el futuro rey Alfonso XIII”.
“A la hora de enfrentar el análisis artístico de una obra de arte”, afirmó Rey Cabezudo, “la moda puede jugar un papel fundamental, especialmente en lo que se refiere al siglo XIX, en el que la indumentaria es la base de los códigos simbólicos de la presentación personal en sociedad”.
En este caso, “tras la muerte de su marido, María Cristina asume la Regencia, presentándose ante la nación como un ejemplo de virtudes, bajo la apariencia de una buena madre, sencilla y religiosa, mostrando una imagen austera y seria que le valió el sobrenombre de Doña Virtudes, María la Seca o La institutriz”. “Representa esa imagen, en gran parte a través de la indumentaria, así como la continuidad del luto, ya en un período de alivio, aunque adherida a las últimas modas llegadas desde París”.
“La moda de finales del siglo XIX”, añadió la ponente, “mantiene todavía el estricto protocolo de las décadas anteriores, codificando los trajes y su uso en función de las horas del día y de las actividades más adecuadas en cada una de ellas”. “Las mujeres de la alta sociedad se plegaban a este estricto código de vestimenta, y su habilidad para navegar por estas sutilezas sociales, marcaba su estatus y su imagen como madres, hijas…, enmarcadas dentro de la idea de la buena cristiana devota, junto con el saber estar”.

De acuerdo con ello, María Cristina aparece en el cuadro ataviada con un polisón, pieza con volumen únicamente por su parte trasera, tipo Langtry -una innovación tecnológica, porque aligeraba el peso de la estructura y al mismo tiempo era flexible-, un corsé, traje de cuerpo, falda y peinado con amplio flequillo de rizos y adorno en la coronilla, así como con un collar de perlas en el cuello. “El conjunto es totalmente negro, aunque parece que existía la intención de representar algún tipo de decoración en la tela, y destaca especialmente la decoración de pedrería, la cual cubre todo el escote, cayendo en cascada hasta más debajo de la cintura, así como en la parte delantera de la falda”.
También se refirió al luto, algo que “estaba perfectamente establecido y cronometrado al milímetro en la sociedad decimonónica”. “La Regente aparece todavía ataviada con luto, aunque a la vista de las decoraciones, el escote, el largo de las mangas y el uso de joyas, indicarían más bien un período de alivio”.
En cuanto a la imagen de Alfonso XIII, Rey Cabezudo señaló que “hay muy poco que mencionar, ya que ese tipo de indumentaria de marinero parece haber sido sumamente común, tanto en niñas, como en niños, en el último cuarto del siglo XIX; al menos si se siguen las tendencias más representadas y recomendadas de las revistas como La Moda Elegante”.



