El exalcalde de A Coruña recuerda que la Transición se apoyó en la reconciliación nacional, la vía reformista y el consenso, “contrapuestos a la división frentista que por desgracia existe hoy en España”
El exalcalde de A Coruña y exembajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez Vázquez, cree que actualmente “vivimos tiempos procelosos, en los que la Constitución se reinterpreta alterando su contenido y sus objetivos, e incluso se pretende dar por terminado el ciclo histórico iniciado en 1978, deslegitimar el proceso de transición democrática que dio origen al excepcional y largo período de libertad y progreso que hemos disfrutado en las cuatro últimas décadas, rompiendo además con el aislamiento que España sufrió en los dos siglos anteriores”.

Vázquez, que inauguró en este 2025 el ciclo “Compostela 2023-2027. Presente y futuro”, organizado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la Ciudad de Santiago (RSEAPS), recordó que su condición de diputado constituyente, además de miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE que encabezaron Felipe González y Alfonso Guerra, le permitió ser en aquella época “testigo privilegiado de un proceso político ejemplar y excepcional en nuestra historia”, al que siempre consideró como “un proceso de homologación de España con los principios y los valores sociales y políticos imperantes en los países democráticos de nuestro entorno”.
El exregidor coruñés ensalzó a los políticos de la Transición, porque dijo, “supimos dar satisfacción y cumplir el mandato para el que habíamos sido elegidos, que no era otro que el de superar la división de las dos Españas e implantar un régimen democrático que rompiera con la cainita historia de nuestro pasado inmediato”.

Vázquez, al que presentaron en la mesa el presidente de la Real Sociedad Económica, Francisco Loimil Garrido, y su directivo Luis García Varela, subrayó los tres pilares sobre los que se asentó aquel proceso político, “hasta entonces inédito en nuestra historia, y que refleja una voluntad común de todos los sectores políticos de lograr desde el diálogo, un entendimiento y acuerdo tan contrapuesto a la división frentista por desgracia existente en la España de hoy”.
“El primero de esos pilares, y para mí el más importante”, aseguró, “fue el de la reconciliación nacional, la voluntad común de dejar atrás el pasado y que se plasmó en la Ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977”. “El segundo, lo constituye la vía reformista, la senda política e institucional que permitió acceder a la democracia, rechazando las opciones extremistas y radicales de uno y otro signo, que propugnaban, o bien el continuismo del Régimen, o un rupturismo revolucionario de carácter totalitario, hoy emergente en los grupos políticos que constituyen la actual mayoría parlamentaria”. “Y el tercer pilar”, continuó, “fue el consenso, una obligación moral e histórica para los partidos constitucionalistas y mayoritarios, obligados a mantener un diálogo abierto sobre las cuestiones de Estado, porque el futuro nunca se puede construir desde la existencia del frentismo de bloques políticos, ideológicos o partidarios”.



