De los cinco probables escenarios internacionales que dibuja el expresidente de la Xunta, sólo uno sería algo favorable para la UE y pasaría necesariamente por acuerdos con Mercosur, India y China

“EEUU, Rusia y China se han convertido en potencias revisionistas que buscan un cambio radical en el orden económico actual y sus tres líderes, Trump, Putin y Xi Jinping, que aspiran a modificar las fronteras internacionales (Groenlandia, canal de Panamá, Ucrania o Taiwán), utilizan el mismo lenguaje y juegan con los mismos sentimientos: creen que sus países deberían aumentar su riqueza y poder, y que los demás se encuentran en declive, por lo que sus postulados son necesarios para asegurar el nuevo orden mundial”.
Palabras del expresidente de la Xunta Fernando González Laxe, para quien nuestro continente carece en este momento de “un liderazgo fuerte y de visión de futuro” y las causas de esa debilidad de Europa hay que buscarlas en “la pérdida de confianza en su presente y futuro, lo que acarrea su impotencia e, incluso, su negativa a proponer nuevos modelos a sí misma y al mundo”.
Según el también catedrático emérito de Economía Aplicada de la Universidad de A Coruña, que protagonizó la segunda conferencia en 2025 del ciclo “Compostela 2023-2027. Presente y futuro”, organizado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la Ciudad de Santiago (RSEAPS), “Europa debe, pues, volcarse hacia el exterior y recuperar la influencia, fortaleza y ritmo que sus propios errores le hicieron perder”.
Recuerda González Laxe que, aunque la UE es la tercera potencia mundial en términos de población, está por debajo o muy por debajo de EEUU en cuanto a PIB, PIB per cápita, productividad media, número de grandes empresas, capitalización bursátil, localización de start-up globalizadas y gasto en I+D+I respecto al PIB, además de que “el coste energético en la Unión Europea es tres veces superior al de los Estados Unidos”.
En cuanto al destino de las inversiones, “en los EEUU se dirigen a sectores tecnológicos de alto crecimiento, mientras que en la UE la estructura económica se mantiene estancada, muy centrada en sectores tradicionales como el automóvil o el textil, lo que pone de manifiesto su falta de dinamismo”. Y a ello, según él, se suman otros graves problemas como “la fragmentación del mercado de trabajo, la carencia de un ecosistema sólido de capital-riesgo y el exceso regulatorio y burocrático”.
De acuerdo con el expresidente autonómico, frente a las dos décadas anteriores en las que la interdependencia económica ahogaba las rivalidades y tensiones políticas, el “desgobierno de la época se debe a una triple pugna de intereses: por la intensa y descarnada lucha/competencia entre potencias; por el nuevo rol de las instituciones internacionales, que se han convertido en corsés, debido a la complejidad de las normas, reglas y procedimientos que las anquilosan e impiden consensos; y porque apenas existen espacios de diálogo, dada la fragmentación, polarización y presión de los lobbies y grupos corporativos”.

Con una Rusia que intenta recuperar su antigua grandeza, una China más nacionalista y en ascenso, y una política de Trump que, en lugar de apoyar el status quo internacional, aspira a convertirse en su principal disruptor, “Europa es el botín que quieren repartirse Trump, Putin y Xi”, dijo parafraseando a Jordi Sevilla (Cinco Días, 20 enero 2025).
“Nuestro continente”, añadió, “necesita convertirse en un sujeto político común, con liderazgo y con una buena hoja de ruta, aunque parece caminar en sentido contrario, porque ninguno de esos aspectos se consolida y las respuestas ante las otras grandes potencias, son de mucha tibieza y cada país negocia por su cuenta”. Además, las propuestas de Úrsula von der Leyen para conformar un verdadero mercado común de capitales, reformar el sector energético y agilizar la burocracia para facilitar el emprendimiento en sectores innovadores, “chocan con la falta de acoplamiento de las 27 legislaciones nacionales diferentes y la inexistencia de un marco regulatorio armonioso”, sentenció.
González Laxe, al que presentaron Francisco Loimil Garrido, presidente de la RSEAPS, y su directivo, Luis García Varela, dibujó cinco posibles escenarios internacionales en el futuro inmediato, casi todos, poco halagüeños para la UE: un nuevo gran pacto de potencias (EEUU, Rusia y China), con Europa en fuera de juego; un escenario de guerras comerciales y conflictos por la falta de voluntad de EEUU de defender a sus aliados y el triunfo de partidos populistas simpatizantes de Trump o Putin en Europa; un mundo anárquico sin líderes, también con guerras comerciales, una ONU debilitada y conflictos por el control de cada región; una globalización sin dominio de EEUU, que saldría de la OMC y se estancaría en su autarquía, mientras la UE firma acuerdos con Mercosur, China y la India; o el triunfo de la America First de Trump, lo que derivaría en una hegemonía total estadounidense, en una crisis económica en China debido a los aranceles y en un aumento drástico del gasto en defensa en la UE y en Japón para disuadir a China y a Rusia de posibles agresiones.



