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LOS ZAPATOS, ENTRE LA SIMBOLOGÍA SOCIAL Y EL OLVIDO HISTÓRICO

La investigadora de la UVigo Mónica Rey Cabezudo reflexionó en la Real Sociedad sobre la historia y relevancia del calzado entre los siglos XIX y XX, a partir de unos botines patrimonio de la RSEAPS

El punto de partida, unos botines que forman parte del patrimonio histórico de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la Ciudad de Santiago. A partir de ahí, la investigadora de la Universidad de Vigo -especializada en historia de la moda- Mónica Rey Cabezudo realizó esta tarde en la RSEAPS un recorrido por el estudio, evolución e importancia social del calzado entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

La estudiosa explicó las dificultades historiográficas que hicieron que tradicionalmente el calzado recibiera una menor atención en la investigación histórica, situándolo por ello en una posición secundaria dentro de la historia de la indumentaria. Y todo pese a que, según ella, “el calzado tuvo paradójicamente una notable carga simbólica dentro de la cultura del siglo XIX, como demuestran las numerosas referencias al pie femenino en la literatura, la pintura y otras manifestaciones artísticas del período”.

Entre esos problemas para reconstruir la evolución del calzado citó las características del traje decimonónico, porque “durante gran parte del siglo XIX la silueta femenina estaba definida por vestidos de falda larga, que ocultaban casi por completo el pie”; que el calzado, frente al vestido, evolucionaba de forma más lenta y gradual, por lo que pese a su importancia merecía menos espacio en las revistas especializadas; y la influencia de factores culturales-morales, ya que “el pie ocupaba en el imaginario del siglo XIX una posición ambivalente, en la que se entremezclaban el ideal estético de delicadeza corporal y ciertas connotaciones eróticas, y la prensa de la moda estaba sujeta a normas estrictas de decoro, por lo que pudo optar por la discreción”.

Un zapato para cada momento y contexto

Limitaciones documentales aparte, Rey Cabezudo afirmó que el análisis sistemático de revistas de moda, figurines, manuales de etiqueta y piezas conservadas en colecciones, permite reconstruir parcialmente la tipología del calzado femenino de la época. Así, recuerda que existían diversas categorías de zapatos en función de su uso social y del momento del día, cada uno de ellos, asociado a determinados materiales, formas y niveles de ornamentación: de mañana o de calle, de paseo o de visita, y el zapato de noche. 

Entre los modelos más característicos de esa etapa destacó el zapato inglés, “un calzado cerrado mediante cordones o botones, de tacón bajo, que garantizaba la comodidad en los desplazamientos urbanos, y relativamente sencillo, que se utilizaba principalmente durante la mañana o en contextos de viaje”; el zapato de barretas, “provisto de tiras transversales sobre el empeine”; o el zapato de estilo Luis XV, “considerado especialmente apropiado para los bailes y recepciones nocturnas, gracias a su característico tacón alto y curvado”.

Y junto a ellos, también mencionó a las botinas o botitas, una especie de comodín ya que, en función de su grado de ornamentación y de los materiales empleados, se podían adaptar tanto a situaciones informales, como a contextos de mayor elegancia. “Se trata de un calzado de caña alta”, indicó, “que cubría el tobillo, que podía cerrarse mediante cordones o botones laterales y que se utilizó ampliamente en el vestir cotidiano femenino, especialmente en contextos urbanos, viajes y paseos”.

El maestro compostelano José Devesa

En la intervención de Rey Cabezudo mereció capítulo aparte la producción del maestro zapatero compostelano José Devesa Domínguez, situado en el número 34 de la rúa do Vilar de Santiago de Compostela, “que alcanzó una notable relevancia en el panorama artesanal de la segunda mitad del siglo XIX”, y cuya participación como expositor en la Exposición Universal de París de 1867 mereció una mención honorífica, “lo que confirma la calidad de su producción y la proyección internacional alcanzada por su taller”.

Según la investigadora, dentro de esa tradición artesanal se enmarcan los botines objeto de estudio, que forman parte del patrimonio de la RSEAPS. “Se trata de un calzado femenino de caña alta, destinado al uso urbano elegante” y sus elementos decorativos “revelan un elevado grado de destreza artesanal”. Otros elementos formales permiten, de acuerdo con ella, precisar su cronología: “El tacón presenta una forma curvada, derivada del denominado tacón Luis XV, que se popularizó en el calzado femenino elegante a partir de la década de 1880”.

“Los botines analizados pueden interpretarse como una variante especialmente elaborada de este modelo de calzado de paseo, en la que la estructura funcional del botín urbano se combina con un programa ornamental sofisticado”. “Esta dualidad”, concluyó, “refleja una de las características del calzado femenino de finales del siglo XIX: su capacidad para integrar funcionalidad práctica y representación social dentro del sistema de la moda”.

En la conferencia de hoy, incluida en el programa de 2026 del ciclo “La RSEAPS y sus fondos artísticos”, la encargada de presentar a Rey Cabezudo fue María Dolores Barral Rivadulla, profesora titular y vicedecana de la Facultad de Geografía e Historia de la USC, en un acto que condujo Francisco Loimil Garrido, presidente de la Real Sociedad Económica compostelana.

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